Un campeón que se apaga,
Es ley del deporte, es ley de vida. Pero a mí me produce un sentimiento de melancolía.
Novak Djokovic, a sus 38 años, poco a poco va apagándose. Lo hemos visto estas últimas semanas, en los torneos de Roland Garros y Wimbledon, ante el mismo rival, y uno de los dos abanderados de la nueva generación del tenis: Jannik Sinner. También lo vimos el año pasado, y el anterior, en las dos finales de Wimbledon, ante Carlos Alcaraz.
Djokovic es todavía tan buen jugador, es un deportista tan extraordinario, que aún tiene juego para derrotar a todos los jugadores del circuito…, excepto a Sinner y Alcaraz.
Porque se ve, es claro, están a otro nivel, un escalón por encima. ¿Qué tienen que a Djokovic la falta hoy? Bajo mi punto de vista, velocidad. Ahí está el secreto del tenis, y seguramente de cualquier deporte. Esas centésimas de segundos que, al menos en el tenis, permiten al jugador llegar a tiempo para lanzar el golpe y hacer daño. En estos niveles de excelencia, ahí está la diferencia: en llegar y hacer daño. Ese golpe, ese passing, ese globo, esa última respuesta que provoca el ¡oh! del público y resuelve el punto. Sin esa velocidad, sin ese desplazamiento, o bien el jugador no llega, o su respuesta se va unos centímetros fuera.
No tengo datos y no puedo saberlo con certeza, pero yo diría que, en parado, Djokovic no tiene menos golpe que Sinner y Alcaraz. En parado. Con los pies bien afianzados en tierra. Pero es que el tenis es constante movimiento y luego, sí, claro, golpe, estrategia, fuerza mental… Pero sobre la base de llegar a tiempo para golpear y hacer daño.
Se vio en los últimos tiempos de Nadal. ¿Había perdido mentalidad? ¿Golpe? ¿Estrategia…? No, o al menos, no significativamente. Había perdido pies, ya no dominaba el tanto, y terminaba atropellado por rivales más rápidos.
Un campeón que se apaga.
Ley del deporte, ley de vida. En el tenis, yo he visto el ocaso de campeones que parecía que serían imbatibles para siempre: Lendl, Sampras, Agassi, y, más recientemente, Federer y Nadal. Ahora, Djokovic. Y estoy seguro de que hoy están entrenado en algún club de tenis un par de jugadores de 12 ó 13 años que en algún momento de la siguiente década acabarán con la hegemonía, hoy indiscutida, de Sinner y Alcaraz.
Muhammad Ali, Eddy Mercx, Larry Bird, Michael Jordan, Michael Phelps, Carl Lewis, Pelé, Johann Cruyff, Tom Brady, Serena Williams, Tiger Woods, Emil Zatopek, Maradona, Messi, Cristiano Ronaldo, parece que le llega la hora a Eliud Kipchoge… Todos ellos fueron dominadores implacables en sus deportes, y fueron dejando su centro. Como decían los Rolling Stones, otros campeones en su disciplina, «Time Waits for No One» (https://www.youtube.com/watch?v=YsH2In5r2sM).
Novak Djokovic es el primero que lo admite, ya no puede competir con Sinner y Alcaraz. Con una sinceridad y naturalidad que le honran. Eso sí, competidor feroz y perfeccionista nato como siempre ha sido, lo convierte en una nueva fuente de motivación. Es el tenista masculino más grande de todos los tiempos, quien más Grand Slams ha ganado, una figura inabordable durante muchos años, e incomprendido e incluso detestado por un gran porcentaje de aficionados.
¿Será de verdad este el último capítulo de esta exitosa historia, o el Djoker nos tiene reservada alguna sorpresa más?
