Bajar de 3 horas en maratón
Bajar de 3 horas en maratón es una frontera que muchos corredores populares hemos soñado con traspasar algún día, desde que nos fijamos el objetivo de correr los 42,195 kilómetros de la carrera. Es una leyenda, un mito, la divisoria que separa lo conocido de lo inexplorado. Para muchos, cuando se ve lejana, la gloria. Forma parte de la mitología de la carrera de fondo en corredores populares.
¿Y por qué 3 horas, y no 3 horas y 1 minuto? ¿O dos horas y cincuenta y siete minutos…? ¿Porque es más fácil fijar una marca redonda, que se recuerde con facilidad…? ¡Bajar de 3 horas en maratón…! No lo sé, y tampoco me voy a poner a averiguarlo. Seguramente, en ese misterio está la belleza del reto.
Todos hemos conocido personas que se han quedado muy cerca de cruzar ese Rubicón, y no lo han conseguido. 3 horas y 10 segundos; 3 horas y 5 segundos; 3 horas y 3 segundos; 3 horas y 1 segundo…¡Incluso 3 horas justas! Bueno…
También, hay corredores(as) y corredores(as). Hay quien baja de 3 horas sin despeinarse (o incluso nunca han hecho una maratón por encima de ese tiempo), quien lo consigue después de muchos años e intentos, y quien no lo consigue nunca, pese a proponérselo e intentarlo con todas sus ganas.
Yo soy de los segundos. Lo he conseguido, hasta la fecha, 3 veces. Donostia (2019), Vitoria (2022) y, de nuevo, Donostia (2022). Nadie sabe como yo lo que me ha costado cada vez (aunque sí lo intuyen, supongo, los compañeros con los que he entrenado, que mucho me han ayudado, y que, normalmente, bajan tranquilamente de esa marca). Tanto en las preparaciones, que han salido perfectas, como el día de la carrera, sobre todo en 2019 y Vitoria 2022, porque Donostia 2022 no fue una agonía tan atroz, aunque no fue fácil, ni mucho menos.
La primera vez no se olvida, y en el caso del que hablamos, menos: ¡lo conseguí por 3 segundos! ¡2:59:57! Y fue, sin ninguna duda, gracias a mi gran amigo y compañero de entrenos Mikel Usandizaga, que me hizo de liebre personalizada, llevándome el ritmo, animándome, riñéndome, cogiéndome los botellines de agua… Solo le faltó llevarme en brazos. No hay palabras con las que pueda agradecerle su generosidad, aunque él lo sabe. Recuerdo con una sonrisa (ahora, claro) que no estuve tranquilo hasta la tarde, con los tiempos oficiales, ya que paré el reloj en 2:59:59… Y pensaba: «como me haya equivocado al cronometrarme…».
En la segunda, en Vitoria, tuve la ayuda de otro gran amigo y compañero, Fidel Pérez, que me llevó en los últimos 12 kilómetros, los más duros, en la zona más desangelada de la carrera. Tampoco, sin él, lo hubiera conseguido. Gratitud eterna, y él sabe por qué. 2:58:51 fue el tiempo en que paré el reloj, Otra anécdota: en el último kilómetro nos pasó la liebre de 3 horas. «No lo consigo», pensé, totalmente hecho polvo. Ni fuerza tuve para mirar el reloj. Luego, cuando llegué a meta y vi mi tiempo, la alegría fue doble.
Y unos meses después, en Donostia, conseguí mi mejor marca hasta la fecha: 2:58:21, incluso sufriendo (un poco…) menos que en las anteriores dos ocasiones. Me mantuve toda la carrera con la liebre de 3 horas, hasta que esta cedió en el kilómetro 38 (no recuerdo si por fatiga o lesión…), pero ahí sí hubo fuerzas para seguir hasta meta, afortunadamente.
Pidiendo perdón por las «batallitas» contadas, consciente de que no interesan a nadie más que a mí, alguna reflexión para terminar. En corredores sin especiales condiciones, como puede ser mi caso, pretender bajar de 3 horas en maratón exige mucha dedicación y perseverancia. Implica confabularse contra viento y marea para conseguir el objetivo. Estar dispuesto a cumplir en todo aquello que depende de uno, sin excusas de ninguna clase. Porque de lo que no depende, lo que escapa a nuestro control (y la suspensión de la edición de 2024 en Donostia por viento es un buen ejemplo…), no debe preocuparnos demasiado. Implica ser consciente de que los malos momentos, tanto en los entrenamientos como en la carrera, llegarán, y hay que lidiar con ellos de la mejor manera posible. Implica, por no extender de forma innecesaria la explicación, tomárselo todo muy en serio. Porque milagros, en Lourdes.
En 7 días volvemos a correr otra maratón, la de Donostia. Todo el trabajo está hecho, la preparación realizada, y tengo una razonable sensación de estar preparado. Si los elementos que no dependen de uno (la meteorología, alguna lesión, enfermedad o contratiempo…) no se cruzan en el camino, hay probabilidades de volver a bajar la marca. Pero, con todo, lo más importante es el camino. Los entrenamientos y los ratos compartidos con un grupo extraordinario, de gente de una calidad atlética, pero sobre todo personal, estratosférica. Tiempo compartido durante muchas horas; hemos entrenado 6 días a la semana. Esto es lo más importante, ya que no vivimos de correr maratones, y con lo que habremos de quedarnos, salga lo que salga el domingo que viene. Debemos recordarlo.
¿En qué medida es este reto comparable a otros en la vida? En mucho, sabiendo que hay retos claramente más trascendentes que una simple carrera, por mucho que nos guste y nos exija dedicación. Pero la forma de abordar ese reto (propósito, decisión, preparación, desempeño y balance final) seguramente se asemejará en gran medida, y la experiencia de la maratón (idea central de Vida y Maratón, Maratón y Vida [https://ipgaldos.com/]) ayuda. ¡Ya lo creo que ayuda!
Vemos qué pasa en 7 días. ¡No queda nada…!
